
La protesta de los vecinos de Pelequén por los malos olores emanados de la planta de tratamiento de lodos o residuos en el sector, monorrelleno Colhue,llamó la atención de la prensa hace algunas semanas, cuando decidieron obstruir la Ruta 5 Sur para hacer patente su descontento. Lo que siguió fue el cierre de las instalaciones y hoy, a semanas de ocurridos estos hechos, la Dra. Lorna Guerrero, académica del Departamento de Ingeniería Química y Ambiental de la Universidad Santa María, tiene claro su análisis respecto a las causas de este problema.
“Esta empresa recibe lodos de muchas de las agroindustrias grandes de la Región de O’Higgins”, explica. “Pese a las plantas de tratamiento de riles (residuos industriales líquidos) que por ley tuvieron que instalarse, lo que faltó fue prever qué se iba a hacer con toda esa cantidad de desechos que allí se producían”, explica.
A esto se suma que su funcionamiento más se asemeja a un depósito de lodos que una planta de tratamiento de estos. “Lo único que allí se hace es echarles cal y taparlos”, describe. “El problema es que no siempre quedan bien cubiertos y además, deben tener cierta distancia respecto a la población”. El terremoto de 2010 fue clave para agravar la situación, porque “muchas de esas plantas dejaron de funcionar bien a causa del propio sismo, entonces les empezó a llegar una cantidad de lodos mucho mayor que la capacidad para la cual estaban diseñadas”.
Y en este caso, “dado que tenían mayor cantidad, hicieron el acopio más cerca de la población y seguramente no lo trataron bien, careció de cal, etc. Todo eso origina que en general se produzca una cantidad enorme de moscas, especialmente. Y claro, malos olores”.
Un problema de fondo
La experta es enfática al manifestar que “el tema es de fondo acá en Chile, porque estas plantas le solucionan ese problema a las industrias. Tiene que haber una empresa dedicada a eso sí o sí, porque si no, no puede haber empresas de tratamiento de aguas. El hecho de obligar a las empresas que descontaminen el agua sucia que producen me parece bien; el problema es que la infraestructura que se requiere para tratar después los lodos que se generan en estas plantas no está”.
Lo complejo es que en la misma Región de O’Higgins la cantidad de agroindustrias es bastante grande. “La otra opción sería que cada industria tratara sus lodos, pero eso sería peor. Requeriría mayor inversión incluso”, asevera.
“Ahora que esta planta cerró, yo no sé qué están haciendo esas agroindustrias con los lodos que producen. Porque se producen todos los días: está bien que si una planta no está cumpliendo con la normativa se cierre, pero dónde están llevando las industrias sus lodos, no tengo idea”, sostiene.
No obstante, al tratarse de lodos orgánicos, para la académica hay un uso útil y lógico que podría dárseles, pues son muy eficientes a la hora de producir energía. “El punto es que todavía la energía cuesta barata para que resulte rentable un proyecto así, en vez de lanzarlos a un agujero en el suelo para que se descompongan definitivamente. Eso no tiene ningún valor agregado; en cambio, producir energía con esos lodos sería genial, porque estaríamos hablando de un tipo de energía renovable. Para eso sí, se necesita subvención, al menos en la inversión. En la operación es factible lograr utilidades, pero la inversión es lo más significativo de resolver”.
En efecto, la Dra. Lorna Guerrero fue invitada por Maxagro, una empresa en La Estrella (Región de O’Higgins) para ser garante del buen funcionamiento de su nuevo proyecto: producir electricidad a través de los purines de cerdo. “Lo meten a un digestor anaerobio, producen biogás, con este se enriquece en metano, y se produce energía eléctrica con ese combustible. Por otro lado, el líquido que sale de los digestores anaerobios se utiliza como agua de regadío porque contiene nitrógeno y fósforo, que son excelentes nutrientes para la tierra. Y los pocos sólidos que se generan, que son muchos menos que en las plantas de tratamiento de aguas residuales industriales, se pueden usar también como fertilizantes”.